31 marzo 2010

Historias Gunchis

Aventuras y desventuras de una Gunchi en Gunchilandia.

Narración de como complicar las cosas.
Esto era yo, que me desperté una mañana de un día laboral cualquiera. Y decidí mientras intentaba en vano levantarme de la cama (parece una tontería, pero cuando te retenien las mantas en casi-contra tu voluntad, no es cualquier cosa salir victoriosa de la primera batalla de la mañana, la otra batalla es no ir en pijama al trabajo, pero eso lo contamos otro día) bueno, decidí hacer una excursión esa misma tarde. Así, preparada, organizada, con previsión, con tiempo de sobra, decidí hacer casi 350 quilómetros en una tarde. Cualquier otra afirmación, ya sabeis que no sería ser fiel a la verdad.
Me fui a mi trabajo toda concienciada, tralarí tralarero, salí, y me dí cuenta de que me había olvidado las llaves del coche. No pasa nada, eso nos pasa a cualquiera. Voy a por las llaves, tralarí tralero, ande andarán, se habrán ido de fiesta con las pilas de uno que yo me sé. Las encuentro, bueno, ahora solo hace falta encontrar mi coche, que está aparcado dentro de los límites de la ciudad. Buscamos, buscamos... a todo, por cierto, yo había quedado a las 7 de la tarde, y eran las 4 y aun no había ni abierto la puerta del vehículo, menos mal que soy puntual.
Por fin, encontramos mi coche, vaya, no arranca, será la gasolina. Voy a buscar una gasolinera, estoy sospechando ya que empiezo a hacer tarde, voy toda elegante con un bidón de colorines a por gasolina, cual caperucita cualquiera. ¿Alguien sabe que lleva mi coche? El mundo de la gasolina es fascinante, cuantos modelos diferentes, bueno, uno cualquiera. Regreso... se me cae la mitad por el suelo, espero que no fume nadie ahora. Ya está, ale, ya puedo irme.
Ah, pues no, no arranca el coche, que será será será... podría ser... que igual, si no arrancas un vehículo en 1, 2, 3, uis, pues todavía no hace ni 4 meses que lo arranqué la última vez, no puede ser que el coche sea tan tiquis. Pues lo es, llamemos a un familiar, y dile que lo arrancastes hace 15 días, no vaya encima a soltarte un sermón de esos que despiertan toda mi atención.
Me parece a mí, que alguien se va a quedar plantado en el lugar de destino.
Llega, me deja el coche, nada, esto lo arranco yo en dos segundos. Pasaron los minutos, que pasará, que pasará... la calle cortada, yo oyendo ruidos raros, total, digo, voy a llamar, a ver si alguien reconoce el ruido misterioso que hace mi vehículo... para que hago nada, la primera pregunta ¿no estarás intentando arrancar tu coche con los dos vehículos apagados? y yo ¿para que iba a encender el otro coche? si quiero que arranque el mío. Bueno, pues ya tenía dos coches sin batería, y a alguien que me miraba con cara de... y para que te pierdo de vista. Ni que tuviera cosas mejores que hacer que pasar un rato en una calle con un coche bloqueando una entrada de parking, y otro bloqueando el paso de la calle.
Menos mal que a todo esto, apareció mi salvador... el gitano del barrio que iba con unas natillas y unos donuts, y que se ve que estaba fascinado de tanta gunchez toda junta en tan pocos metros cuadrados. Porque me dio las referencias para que me fuera a un mecánico conocido suyo (se ve que este hombre es conocido en el mundo entero, porque vamos) y dejara lo que estaba haciendo para arrancarme el coche.
Por fin, puedo marchar.

Si es que, que falta de fe, yo sabía que todo iba a ir sobre ruedas. Y aun, cogí el coche y me fui, solo llegué, un "poquito" tarde.

28 febrero 2010

Y dicen los que ese día, el Sol salió igual

Y dicen que ese día el sol salió igual. Dicen los que estaban atentos y prestaron atención, que vieron a la noche ceder su puesto a la luz del amanecer. Cómo podía ser, en el día más oscuro de mi alma. Cuando todo se había detenido, y va, y vuelve a amanecer. Incomprensible para mí.

Se perdió mi espíritu esa noche y esa mañana, sentada en la niebla se quedó, en silencio se quedó, de tan sorprendida que se quedó ni se sorprendió. No veía el mundo, no veía la gente, no veía el sentido, que no significa que no lo mirase, aunque nada le importaba lo que ante sus ojos desfilaba.

La vida seguía, en el día que no existió, seguían pasando las horas, no fue el peor día de mi vida, es que no hubo, y nadie lo entiende. Que injusto, que poca consideración, que sin piedad se comportaban todos, que seguían envejeciendo aun cuando mi mundo se detuvo.

Donde quedó la deferencia de esperarme, siguieron por el camino, me senté a un lado, no quería ver ni ser vista, no quería seguir ni quedarme, de tan poco que quería ni inercia tenía.

Mi cuerpo era de piedra, el aire ni entraba, no hubo grandes gestos, ni gigantescos aspavientos, mi cuerpo no se expresó mediante movimientos convulsos, se hizo de mármol, se hizo frío, se hizo a un lado a no pensar un poco. Y mi alma, si hubiera podido verla podría haber visto una luz desgajada, rota, sin uniformidad, no era un resquebrajamiento limpio, no, no había plan para las heridas del alma. Confió, y puedo decir con certeza, que aun hoy, se siente traicionada. Podía saberlo, nuestras energías podían saberlo, nuestras almas podían prever la pronta separación, pero es erróneo pensar que por saber algo duele menos.

Es falso que los prevenidos sufran en menor medida.

Padecen mucho, muchísimo, y no es fácil para el alma comunicarse con la parte consciente del ser humano. No es nada sencillo hacerse comprender, y decir, “No pasa nada, todo está hoy bien”.

Oí esa frase en infinidad de ocasiones, como un mantra, una y otra vez, se repetía surgiendo de la voz de un amplio abanico de personas. No caló, llevaba un chubasquero amarillo, las frases no calaban, los consejos no penetraban, el sol salía reflectado por mi brillante chubasquero impermeable. Y por dentro, seguía oscura, fría y empapada. Un microclima dentro de un minimundo, era todo tan mío, tan manido y repetido, pero a la vez, tan personal e intrasferible. No era aceptable la frase de “el sol brilla” ni la de “todo pasa” ni la de “no te sientas a sola”, este es el proceso por el que pasan todos los que coinciden en las mismas circunstancias, como podía ser que tanto dolor inexplicable estuviera repetido por el tiempo y el espacio infinidad de veces. Que poco consuelo hay en ser un número de muchas cifras en la lista de los que han sido marcados a fuego por el más puro dolor. El dolor sin mácula, nada está menos mancillado y menos tergiversado que este sagrado dolor que uno siente. Tan de origen es, que ni siquiera hay grados, ni palabras, ni sentimientos con las que expresarlo, no, este es íntimo, nadie habla de él, nadie lo explica, nadie lo narra con el corazón, cuando es puesto en las corrientes circulatorios que fluyen por los oídos, pierde la mitad o más de su inviolable aura de poder. Nunca es lo que surge de la boca, ni parecido. Solo puedes sobrecogerte, y sentirlo.

Y sufrir un tremendo y duradero frío.

Y aumentar la densidad de tus muros, reforzar las grietas y atrincherarte sitiado del exterior, a la espera de recuperar a tus heridos, de recontar las bajas. Aterrorizada de los posibles estragos que podría ocasionar un renovado ataque de las fuerzas del exterior en la ya maltrecha fortaleza.

Y sentir la lejanía, la ausencia de ti mismo, ya no es que te sitúes con respecto a los demás en otro peldaño, es que es otra escalera, y saludas a los de la escalera de enfrente sin interés.



Creo que nunca hubo tanto silencio en mi mente como en aquel día. No circuló nada, no fluía nada, ni consciente ni inconscientemente. No había corrientes subterráneas por donde iban y venían las ideas. Nada, ese día conocí el silencio absoluto, el de las profundidades más abisales. El de la ausencia de todo.

No es que viniera la noche, es que la luz no había venido. No es que fuera un día de ningún tipo, es que no hubo día, ni noche, el planeta giró una vez más, y por eso sé, que ese día existió.

01 enero 2010

Sobre los Romeos de la mujer de la limpieza.

Esto, puede ser tan increíble como parece, porque de hecho lo es. Y no voy a hablar de los amores de la mujer de la limpieza. Porque yo soy una cotilla discreta, vamos, que me encanta el marujeo, pero conmigo se desvanece la cadena. Se llama "Ética Cotillil".
Bueno, la cuestión es, que como los lectores más afines a mí ya sabrán. Yo soy, hablando desde un punto objetivo e imparcial, una increíblemente atractiva y lista mujer, sorprendentemente sin compromiso. Tan increíblemente maravillosa soy, y tan sorprendente debe ser que no tenga pareja, que la mujer de la limpieza, decidió poner solución.
Con toda la mejor buena intención habida y por haber en este universo. Eso sí, y sin preguntar, y sin pedir opinión, comenzó toda una experiencia paranormal en lo referente a lo laboral.
Porque como le cuento a mis compañeros de trabajo que durante mi jornada aparte de trabajar me dedicaba a ser espectadora de un desfile de modelos.

En fin, la cuestión es que yo trabajo un poco sola, sola sola tampoco, acompañada de mis admiradores, mis fans, y mis pensamientos. Y la mujer de la limpieza cuando venía me daba charreta, yo, una chica callada, tímida, cortada, casi sin palabras... vamos, que ella venía diez minutos y se estaba dos horas.

Y nada como la mujer de la limpieza para subirme la autoestima. Que se empeñó en conseguirme novio. Hubo un desfile en mi puesto de trabajo, a diario, de toxicómanos en activo, vagabundos, gente de 70 años de su barrio... todo esto, por si surgía amistad, o más. Llegó un espeluznante momento, donde trajo un joven para presentármelo... cuando se fue, decidí que necesitaba un plan, mientras ella me pedía la opinión sobre que me había parecido ese cuerpo serrano, a lo que yo respondí.
- Hombre, bien, aunque yo los prefiero sin marcas de pinchazos, y sin el cartón de irse a dormir al cajero debajo del brazo.
Al día siguiente me inventé una trola verbenera. Que el karma me perdone, pero esto era ya de vital importancia, me sabía mal porque la mujer lo hacía con su mejor voluntad, y yo no sabía como no soltarla una bordería de lo menos simpática. Bueno, que apareció Romeo, un Romeo virtual, más irreal que los millones de euros que pueda haber en mi cuenta, pero hizo su papel. Me evitó seguir siendo presentada a la "élite" de los supermodelos del país. Ella se quedó un poco desilusionada eso sí


03 diciembre 2009

Bocachanclas Power

Pelos rubios o rojos.

Todo esto empezó así. Os voy a contar.

Tenía una mínimamente visible ralla en el pelo, como mucho cabían cuatro caracoles en paralelo, por no decir tres.

Después de hacer cinco tipo de algoritmos financieros distintos, y sumar con los dedos hasta cuatro, decidí que mi más que boyante economía podía permitirse el lujo de reacudir a la peluquería a solucionar el desbarajuste (no vaya a aparecer mi alma gemela, y yo con los pelos del Oso Yogui, el bigote, la verruga supurante en la punta de la nariz y el olor a pluriempleada en descargar pescados de un camión, que ya sé que el amor todo lo puede, y la belleza interior lo suple todo... pero no vayamos a tirar demasiado de la cuerda)
A eso que iba a hacerme unas bonitas y elegantes mechas rubias. Estilosas como yo misma. Pero no sé como, del rincón de las ideas a la siesta surgió repentinamente la voz de ¿y donde quedó mi rojo? durante un breve instante pensé en recobrar un rojo platónico que antaño fue marca de la casa.

Lo descarté, obviamente, como todas las ideas que de ahí salen, porque quedaba mucho más serio, formal, y responsable, y un montón de cosas más, el rubio que llevaba.

La cuestión, es que se me ocurrió pedir una opinión. Por descartar, asegurarme de que me quedaba tan estupendamente bien como yo me veo que me sientan. Y el rubio es de lo más elegante. Respuesta:
- El rubio te hace una cara de cenizo. Anódina total.
(mis pensamientos no divagaron sobre la frase en sí, pero si que concluyeron que porqué me encuentro yo con los amigos MÁS sinceros del mundo).

Todo el mundo miente (eso dicen) menos yo (que lo intento y se me da de pena), y todos los que hablan conmigo (que son unos bocas, o se les da igual de bien que a mí).

Pues no me cuadran las cuentas.


Así que mientras pensaba como me junto yo con semejantes personajes, y como les dejo decir lo que dicen, y como se atreven a decir lo que dicen, y como es que fluctuamos los que dicen y los que dejan decir, fui haciendo memoria, la poca que tengo, para ir recordando todas aquellas frases políticamente correctas salidas de los labios de todos aquellos caballeros que he tenido la dicha de encontrarme por el sendero de mi más que inverosímil existencia

Aquellas memorables frases, que dejan a algunos como mucho más gunchis que yo.


No eres guapa, no estás buena, eres bella.
Yo también te quiero. FEO. Qué narices es ser bella, qué quiere decir, ¿veía mi mágica aura? ¿se me quería tirar con una bolsa en la cabeza? ¿qué repajolera manera de ligar es esa? ¿tu te has comido algo en tu vida? Principiante, novato, ande vas con esos piropos. Que no sabía si sentir enfado, o sentir pena (porque por un lado pensaba este me está llamando piojo de una manera sútil, y por el otro pensaba, que mal le va a ir a este con las chicas en la vida, tiene un camino hacia el estrellato que pa mi no lo quiero)
El chico pasó hasta el fin de sus días intentando explicar porque dijo algo que decía que nunca hubiera dicho.Intentando, en un vano intento, dar sentido a semejante frase, y que no quedase como quedaba, fatal.

Acabó siendo culpa mía, por mi personalidad, que daba pie a liberar la mente y estar hablando relajadamente (tócame los mendengues, menuda excusa más nefasta)


Ese fue el primero que recuerdo. Y en fin, a lo que iba, era que después de semejante escupitajo de sinceridad en todo el ojo, me planteé cuantas veces me han pasado a mí cosas así.

Eres de una belleza diferente, chocantemente resultona y atractiva (que con esa frase, lo primero que visualizo es a una modelo con la nariz en la oreja)
Amm, y contigo que hago, guapo, que se me puede llamar narigona con ojeras y orejas de vela, sin necesidad de darle tantas vueltas. Que sólo soy gunchilela. (Que por cierto, aun sigue tirándome los trastos para ver si se reestrena después de la vez que perdió la virginidad. Eso lo supongo, porque con esa boquita, me extraña que le queden dientes. Sobretodo después de que le pillaran haciendo fotos por la ventana a una chica en el baño) Y por cierto, aun estoy esperando esas fotos mias que me sacaste en la piscina, que como me entere que están rulando... estás más que descuartizado.




No sé que tengo, pero he de tener una belleza obrera arrasadora.

Recuerdo un día que estaba lloviendo a raudales, y yo, inocente cual prota de dibujos animados no le dí toda la gravedad debida... yo a veces no sé de donde salgo. Un obrero de botijo y cerveza gritó a pleno pulmón suyo y del colega algo parecido a "se ha cumplido uno de mis sueños eróticos" Más detenidamente, pensé, que igual, sabiendo como me asaltan los de los andamios, igual habría de haber prescindido de ir chopada y chorreando agua como una fuente con la ropa empapada y encima medio de blanco...



Tienes las tetas mal puestas.
Majo, con todo mi amor, que tres flatulentas hipopótamas moradas te asalten en una esquina para cumplir todos sus perversos deseos carnales.
Tu llegarás lejos, por ejemplo, así, lo primero que se me ocurre... a ninguna parte. De todas formas, nunca le dije nada a este pobre. Porque le tangaron, le vendieron por 100 lerus un manual que decía “Guía del perfecto Gentleman” “escrito apócrifo original por Mortadelo Pi” y claro... ya tiene bastante con entender las viñetas.

Aunque nada ni nadie, por supuestísimo, como el primer premio a “la boca chancha más grande”, y no sé si es la mejor frase, pero es la más impactante, y yo he oído las burradas grandes. Pero bueno, el gallifante verde fosfi es para el más mejor piropo, el más amoroso de todos, el “llevas el pelo de un rojo putero” nunca creí posible que oiría que mi nuevo y relucientísimo pelo rojo del día anterior sería definido como el que se hacen las putas, y eso en una concurrida oficina llena de gente. Aun recojo las pestañas del suelo, porque se me cayeron del impacto.


Luego nada tuvo gravedad, después de eso, mi tolerancia a las burriflautadas que me pudiesen decir aumentó considerablemente.


Y luego apareció un amigo a decirme, que mejor volviese a mi rojo y me olvidase de mi atractiva cara de zombi que no ha visto el sol. ¿Algo que decir de mi moreno bronceado? ¬¬


Tengo que decir, que en realidad, tengo mucha mala baba de incógnito. Y en cualquier momento, puedo sacar mi lado oculta ninja, soy mucho más peligrosa de lo que parezco, y además, sé hacer la postura de la gamba.

Y ya podéis poneros a temblar. Os voy a poner a todos firmes. Panda de Bocachanclas.

Por cierto ¿sabeis que me han regalado un botijo? Para la próxima vez que se me ocurra raparme el pelo a lo agüela, comprarme un piso, mudarme... es una nueva técnica de meditación. Primero se te ocurre la idea, segundo te das con el botijo, tercero llamas a un amigo sensato.
Adivina adivinanza ¿qué bonito botijo va a ser pintado de flores y colores bonitos para su mejor armonía?

01 noviembre 2009

La dura y penosa historia de un aprendiz de inglés

Avatares de angloparlantes.

Bueno, esto era yo, ¿vale? que ya sabéis, que inglés mucho no sé, pero ego, ego tengo para mover un camión. O fe en tenerlo, que cuasi es lo mismo, aunque ni se parezca.

Yo siempre he sido plurilingüe nativa en tropecientos idiomas, una, que es lista, versada en letras, vamos, para que más.
Así que voy a contaros una anécdota de tantas.
Iba por Madrid, haciendo entrevistas de trabajo, hasta ahí, todo parece normal. Como a cualquier persona normal y decente, opté por mentir como una bellaca, vamos, currículum a la carta, que necesitan en esta oferta, yo lo sé hacer de siempre, todo. Así se busca empleo, lo sabe todo el mundo.
Y a mí me han dicho, que han oído a gente que a su vez conoce gente, que ha oído de uno al que le funcionó el sistema.
Con lo cual está comprobado que así se consigue empleo.

Para más guasa, cuando uno pone en su currículum que sabe inglés, nunca se comprueba, jamás de los jamases he conocido a alguien que ponga que sabe inglés y tenga que demostrarlo. Son esas cosas que uno pone y todo el mundo saben que no son verdad. Porque el trabajo tampoco lo necesita.
Bueno, pero era yo, que como a mí NUNCA me pasa nada fuera de la norma común. También, es que soy más inocente... como que no me conozco ya años.

Así que fui con mi "Avanzado Inglés" a una entrevista de la cual no recuerdo nada excepto, que por primera vez en el mundo mundial, se les ocurrió comprobarlo.
Más o menos la entrevista se desarrolló así:
- Hola... blablabla blablabero...
- Hola... blabla tralarilo...
(más o menos)
- Pues entonces, nada, contratada, pasa por aquí, que antes has de hacer una prueba muy sencilla de inglés.
- ¿Qué he de hacer una puebla de qué? (sabes, es una de esas cosas que uno piensa que le está fallando el oído)
... Pero yo sé inglés, "algo", pero sé, vamos, que no vengo de otro planeta. Todo el mundo sabe "algo" de inglés. Algunos "algo" más, algunos "algo" menos.
¿Qué ocurrió entonces? Pues que hice un test de estos de ordenador, de chichinabo, yo tan contenta, jo, que guay, que fácil, las estoy acertando todas.
1A
2C
3A
.
.
.
Después de 50 preguntas, llegó el final, y dije, pues voy a ver el resultado, antes de que venga la chica de la entrevista, que está bebiendo agua...
Total, una vez vi el resultado, me giré, vi que no miraba, cogí el bolso, y el abrigo, y salí por la puerta sin hacer ruido. Con tan mala pata, que al salir me pongo a correr para no ser visible cuanto antes, y cuando giro la esquina me topo de bruces con la secretaria.
(conversación fiel a la realidad)
- ¿Qué tal? ¿Cómo ha ido?
- Uis, fenomenal, ahí he dejado el test, que ya he terminado, superbien, pero no me espero, que tengo mucha prisa, que se va el metro.
- ¿Se va el metro? ¿Cada cuanto pasa?
- Cada un montón de tiempo. Adios, ya me decís.
- ¿Pero no te quedas a firmar?
- No te oigoooooo...

Yo creo que coló, vamos, no sé, no quedó muy raro ¿no? digo, no mucho mucho demasiado ¿verdad? Aunque la secretaria tenía una cara un poco estupefacta. Pero yo seguí corriendo, como si regalasen los billetes de 500 euros, no volviese la otra de beber agua, viese que me he dado a la fuga y salga a buscarme. Ni contar que nunca me acordé de descolgarles el teléfono. Que cosas, siempre me lo dejaba olvidado cuando me llamaban. Casualidades de la vida.


Años después, repuesta ya mi moral de semejante patada en el higo, realicé un viaje transcontinental en una compañía finlandesa de aviones. Donde me manejé con una soltura propia de los "más que bilingues" como yo, vamos. Porque ya tiene chufla, que la azafata entienda Coca Cola, en perfecto castellano, pero cada vez que pedía Sugar, con una "más que excelente" pronunciación, me diesen leche deshidratada boñigosa. Al tercer pack de leche, me rendí, el café con mucha leche y sin nada de azúcar tampoco son tan malos, a ver, hay que pensar en positivo, el exceso de azúcar es muy malo, y eso, pues me vino muy bien para la salud. Siempre recordaré los peores cafés sin azúcar del mundo, y que nunca entendieron la palabra sugar (estos finlandeses no saben hablar ni una palabra de inglés, catetos, no como yo) Porque probablemente cuando fueron a hacer un curso en el extranjero, les dijeron "os llevaremos a una casa en Londres", y les llevaron a una, pero en Albacete. Porque menudo inglés...
Ya en el otro lado del globo, opté por dejar de humillar a las pobres gentes del lugar con mi "más que perfecto inglés". Y me puse a hablar con la otra técnica superconocida para comunicarte por el mundo, el "castellano despacito", que es como en realidad, todos nos entendemos.
Aunque lo cierto, es que yo me hacía comprender a la perfección, cosa que algunos que van por el mundo sabiendo inglés, no hacían, eso me lleva a la conclusión de que "algo" de inglés. Probablemente, unos más que ya probados "amplísimos conocimientos".


Todo esto viene, no a ningún ansia de humillación especial, que eso, con mi día a día ya hay bastante.
La cosa es que estoy estudiando inglés. Pero de verdad de la buena. Yo, tengo que preparar un examen de la leche en vinagre de nivel de inglés, y una entrevista oral con dos nativos (nada, bah, chupado. Si fuera verdad que la fe mueve montañas, ya habría sacado el planeta de su órbita)
Así que hice un plan de estudios, me puse a ver las pelis de Disney (en inglés) y estuve fielmente agarrada a un curso llamado "aprenda sus mil primeras palabras de inglés", o algo así, y seguí con el "avanzadísimo" curso de "Disney English" (que mejor para estudiar, que la motivación adicional) Pero, notaba que me faltaba un pelín, un ímpetu más a mi ya más que "avanzadísimo nivel de inglés", y me propuse buscar una academia. Que mejor, que una que encontré cerca de casa después de mucho pasear, un curso intensivo de cinco días a la semana, cuatro horas diarias. Allí fui, con mi saco de fe y esperanza (a rebosar está el saco, más que una fuente desbordada, parece el saco de Papá Noel el día de repartir regalos) a apuntarme. Yo, voy a reconocer un minidefecto, no estoy muy ducha en niveles de inglés, ni repajolera idea de como va. Ya en la academia me informan de que ese curso es de nivel 4 (ah, fenomenal, de sobra, vamos, tres veces o más de sobra) y me citan para una prueba otro día. Toda feliz y contenta cual Caperucita antes que un descuidero le mangue la miel, la mantequilla, y la mermelada (y más cosas no, porque no le daban las manos) acudí a mi cita con el éxito, donde un hombre vete a saber de donde te hacía una entrevista, para valorar tu nivel y ponerte en el grupo correcto. Terminada la entrevista, voy a concretar mi matrícula (si la ingenuidad fuese dinero, todo el mundo me querría por interés, menos mal que no es así) Me comenta que el inglés va del 1 al 10, siendo 10 lo más alto, y 1 el inglés más básico, y que igual iría un poquito falta de nivel para un nivel 4.
- Uis, vaya, bueno, pero... no habrá tanta diferencia, puedo ponerme las pilas.
- Mucho has de correr, casi de 0 a 100 en 2 segundos.
- Ammm, pero que nivel tengo.
- Digamos, que el más elemental. El nivel 4 es un poco alto para ti, irías algo perdida.
(yo, un poco desilusionada)
- ¿Como? Esto me sorprende muchísimo, porque "algo" sé de inglés. Entonces... ¿qué horario tendría?
- Tenemos un grupo nuevo, que hemos creado ahora, que está justo a tu nivel.
- Jo, yo no esperaba ser de nivel 1
- Bueno, este es el nivel 0, de los que saben algo menos que nada. El nivel 1 es para los que saben lo más básico.
Nada nada nada nada nada nada nada nada... mis oidos repetían nada nada... alelada oía nada nada nada nada... intentando entender la profundidad de su significado.

Los dientes de leche se me cayeron de la boca, empecé a sufrir de un calor casi menopáusico. O sea, a ver, vamos, espera que me no me entra el aire. ¿Estoy en nivel menos que nada? ¿Como que menos que nada? Que yo sé "ALGO" de inglés, y eso, no está siendo valorado en su justa medida.
Casi me pongo a llorar, mi ego pisoteado, mi orgullo mancillado, mi autoestima se ha dado a la fuga (se ha dado a la bebida, está con los cubatas de Ceregumil con Gaseosa, olvidando las penas)

Repuesta del tremendo disgusto... asumí las consecuentas del error. Total, iba a ir a clase con dos personas más (tenía curiosidad quien más podía haber aceptado ser catalogado en semejante nivelazo), y en un par de clases se darían cuenta de mi "experto nivel" y cambiaría de grupo.
Primera clase, si quedaba algo de mi ego... se fué a compartir los cubatas con mi autoestima. Una ancianita de 83 años, una jovencita de 61, y yo. En la clase de los de "menos que nada". Me baja la tension solo de pensarlo.

Poco después de mi primera clase, en una conversación de bar, comentaba que me había apuntado a inglés, y que tenía una profesora de Londres, y me responde uno.
- Pues yo prefiero el inglés americano ¿tu no?
(yo que pongo cara de pez, meditando si me está tomando el pelo vilmente. Porque no tenía yo bastante con estar aprendiendo a contar hasta diez, para que venga uno a soltarme el farol de cual de los dos tipos de acentos anglolingüísticos está mejor. Me faltaba a mí en esta semana que me tocasen las narices. Pero, tiene cara de no tener conocimiento de la realidad de mis "más que amplísimos conocimientos bilingües", ni de mis últimas humillaciones. Así, que yo, pensé, "me doy a tirar un pegote, y voy a quedar como una reina, va a parecer, que sé de hasta qué hablo" Y tan feliz, repetí como un loro, una frase que oí a un amigo,
- Yo prefiero el inglés pijo de Londres.
(Que porqué entre miles de frases la única que guardé, es una que aporta un dato tan tan tan poco útil... pero tampoco recuerdo si exactamente dijo eso, o parecido, o sonaba parecido, o más o menos dijo eso, ni a que iba, ni a que venía el comentario. Pero lo mismo daba. Coló, que es lo importante, así que bien o mal dicho, el otro se lo creyó)

Y ahí estoy a día de hoy, viajando sin ninguna vergüenza por el mundo.
Con mis cinco velocidades diferentes de castellano, mi pseudovalenciano lleno de faltas ortográficas, y mis conocimientos de esperanto, que nadie puede comprobar.
Ah, y mis clases de perfeccionamiento bilingüe con dos jovenzuelas dicharacheras. Ya se decir chicken, rice, y contar hasta diez sin equivocarme más de dos veces. Ah, y deletrear mi nombre con sólo un margen de cinco equivocaciones. A esta marcha, me envían a la sucursal del Mercado en Londres (supongo que para ver si se me comen los cocodrilos, porque creo que ya no saben que hacer conmigo. Aparte de dejarme cantando mantras, con mis inciensos, mis macetas rosas y mis libros toda la mañana)


Como daño colateral, mi ego decidió buscarse alguien que le cuide más, que respete sus derechos fundamentales, su mínima dignidad, y no me extraña, no levanta cabeza, es asomarse y sopapo que le arrean.

Tenía un camión así, y no cabía,



y ahora usa uno así, y aun sobró espacio para que se llevase una manzana y almorzase algo mientras hecha currículums por ahí.

03 octubre 2009

Sobre mi quincuagésima mudanza

Vamos a buscar piso matarile rile rile, vamos a buscar piso matarile rile loo.

Voy a contaros un nuevo método secreto de selección, para encontrar lugar más adecuado para instalarse.
Claro, primero de todo, cuidado, este método es solamente para expertos. Que se abstengan los novatos a realizar una cosa así. Recomendamos que se tenga sobrada experiencia en la busca y captura de vivienda, nunca antes de la mudanza número diez. Yo, obvia decir, cumplía sobradamente ese requisito curricular.

Llamémoslo culpa del aburrimiento mudancero.
Así seguí el método de “Consiga Vivienda de la manera más Absurda posible” famoso en el mundo entero.
Esto era un día donde el sol brillaba y los pajaritos cantaban…

Estaba yo en ese momento viviendo en un pisito elegido por otros para mí (otro método más a tener en cuenta en cuanto la colección y cuidado de la diversidad) que era una… en fin… una joya.

Al final, todo proceso de mudanza acaba siendo tedioso y nada estimulante. Una vez lo has hecho de todas las maneras posibles. Es como el sexo, uno está enganchado a él, y a la vez termina aburriendo. Pues lo mismo con las mudanzas, uno no puede dejar de mudarse, pero a la vez está hasta la coronilla, y aquí no vale tener la regla ni que te duela la cabeza, ni que juanete me salió esta mañana.
Que queda, nada. Bueno, queda una postura por probar.

“Buscar piso mediante péndulo”

Este novedosísimo sistema es el último recurso cuando se está hasta la figa de los procesos de búsqueda, cuando ya no te mudas por no mirar piso.
Pero el vicio es el vicio. Lo intentas dejar, pero siempre vuelves por culpa del mono, el proceso de desintoxicación es duro, lleno de recaídas.
Ahí estaba yo en una vivienda que no había visto ni en fotos siquiera antes de alquilarla, y pensé, pues voy a mudarme, por eso de tener agua caliente, persianas y demás pijeríos. Pero me iba dando vagancia. En conclusión todas las viviendas me salían un poco mal, necesitaba un método efectivo, algo definitivo (como el quitamanchas) y se iluminó la bombilla de las grandes ideas (esa que me llevó a Hong Kong de un día para otro, la que hizo que comprase un piso en el mejor lugar del mundo, esa, la que muchos rezais para que se funda)
Yo, mujer sabia donde las haya, había estado hace poco en una conversación donde salió el tema de “los péndulos” (así que no fue culpa mía, siempre me dais ideas, a mí hasta entonces ni se me había ocurrido semejante “idea genial”) y de cómo funcionaban. Esa conversación, se fue a hacer compañía a la salita de estar (la mar de maja, con su chimenea, su mecedora, su sillón de mimbre, muy acogedora, no se vayan a escapar antes de macerar cual oliva al orujo) de esa otra gran frase de una amiga (que aun no ha recuperado el aire) de si me iba a Hong Kong, lo cual en un ejercicio de responsabilidad me apresuré a negar.
Y pensé (y no, no, no es malo para la salud pensar) porque no, porque siempre se formula la pregunta mal, no es porqué sí hacerlo, sino porqué no hacerlo. Fui rauda y veloz (para estudiar una oposición no, pero para cosas así… me doy una prisa) a por un péndulo, el cual, solucionaría todas las incertidumbres. Volví a casa tan feliz, era tan fácil, como no se me había ocurrido antes, con lo obvio que era. Segura de que ahora sí, iba a encontrar la casa que necesitaba, porque había hecho lo que hay que hacer, comprar un péndulo.
Segundo paso de encuentre una vivienda de la manera más sencilla posible. Conseguir y concretar la oferta. Todo arreglado gracias a Internet. Menos mal que tenemos las páginas de pisos. Entré en uno de esos portales y me puse a la faena, reducí la búsqueda a pisos de más de 20 metros y menos de 300 sin límite de precio, esto es serio, he de buscar piso para mudarme, y no hay que capar el destino. Así que con los ojos cerrados, un péndulo en una mano, y la otra en el botón de siguiente… No, no, no, ¿me iré debajo de un puente? No, no, no, esta tampoco, no, no, no, no recuerdo ni el número de pisos que llevaba ya, con un dolor de brazo que para qué, por fin, apareció. Bueno, en fin, yo, esto… había visualizado algo más… que no digo que no fuese bueno, eh… pero… estaba ante el anuncio de un piso fechado en Febrero del 2008 (hablamos de que yo esto lo hice en Mayo del 2009) de cinco dormitorios, y 120 metros, de hace 100 años… la cara que tenía era de… incredulidad, no, claro, esto…
Bueno, yo que soy así, dije, pues porque no, igual está el piso esperándome, eh, cosas más difíciles han pasado. Pero como que no me convencía a llamar, igual porque el dueño pensase que era una jirula (algo que ninguno de vosotros habéis pensado nunca, por supuesto) me pasé por allí, sabía la dirección y es bueno andar para hacer ejercicio, que es muy sano. Y allí estaba ese cártel, más oxidado que todas las cosas, y mira, más se perdió en la guerra, y además lo ha dicho un péndulo. Quedamos para verlo ¿esto no me quedará un poco grande? La sensación era buena, sí, un piso vacío, barato, en pleno centro. De todas formas, a los dueños les asustó que no fuese a durar mucho una persona sola en un piso de esas dimensiones ¿monstruos en los armarios que se me fuesen a comer?
Sea como sea, estamos hablando de MI, y yo no me rindo, la cabezonería se queda corta cuando una gunchi se pone en camino. Si el péndulo decía que allí estaba mi vivienda, es que está, no vayamos ahora a perder la fe. Eso sólo podía significar que estaba por allí, igual el péndulo me había llevado allí para que buscase un piso por los alrededores. Eso tenía que significar algo, sólo había que buscar el sentido. Esperando que se me tirase un piso a la cabeza, vi un cartel, justo enfrente, claro, que los pisos baratos no abundan en el centro, pero no pasa nada, si llamo y me dicen ochocopientos mil, cuelgo sin respirar antes de partirme de la risa al oír el precio. Llamé, quedé a la media hora, una finca de nueva construcción, en pleno centro, un piso aun más grande que el anterior, amueblado, toda una planta para mí, con rellano propio, más barato ¿dónde estaba la plaga de ratas zombies que se me iban a comer por la noche? Pero dije que sí, hombre, faltaría más. Sin aval, sin fianza, sólo con mi cara de buena persona y mis ojos azul océano, y regalándome un mes para que me mudase con tranquilidad.

Y aquí estoy, hola, me he mudado, y tengo agua caliente, a ver cuanto me dura el asunto. Poco, ya lo sabeis.

01 septiembre 2009

De los sacrificios en la búsqueda de empleo.

Hay rumores de la existencia de personas que se preparan durante largo tiempo, física y mentalmente, para el desarrollo de sus futuras funciones y responsabilidades laborales. Eso he oído, aunque no sé si darle ninguna veracidad a tan descabellado chismorreo.

El otro día, en una conversación de tasca de bar con mis opoamigos (dícese de aquellas personas opositoras vocacionales, encomendadas a que haya un milagro, o les toque la flauta en el día mágico) salió el tan popular tema, sobretodo si sales con buscadores de empleo, del trabajo. Y mientras estábamos mis opoamigos y yo comiendo biocerveza con limón y bebiendo biobravas a la ajonesa (que más quisiera yo, ¡¡panda de insanos!!), y en lo que dura un tapa rodeada de tragones muertos de hambre nos pusimos a explicar nuestras batallitas laborales (como suena eso a ancianidad, pero así son las cosas).

Mis opoamigos me explicaban, ellos, gente sabia e inteligente, estudiosos (o eso espero, porque con lo que se están gastando en academias y libros, ya tendría yo una Elefanta Rosa de Peluche Vestida de Bailarina, así que ya pueden no estar malgastando su dinero) filósofos de taberna y demás títulos honoríficos, en fin, que algunos de ellos comentaban que ni siquiera preparan oposiciones a vago mantenido del estado, sino a convocatorias privadas de empleo. Y alguien me miró.

Ahí estaba yo, la única remunerada con algo más que la paga semanal de los padres, ejemplo a seguir, icono de lo que quieren lograr en esta vida, modelo de lo que significa conseguir un empleo digno y respetable. Admirada por mis méritos, casi se me atraganta de la risa el aire que respiro.

- Señor trabajo.

- Dígame usted.

- Como lo consiguió.

- Pos verá usted, yo pasaba por allí en el momento apropiado, y se ve que me habían guardado plaza, porque de lo contrario no lo entiendo.

Así que es cierto lo de que las personas que tengo a mi alrededor tienen un conocimiento escaso y superficial de mí. Es verdad que soy la desconocida y misteriosa mujer de hielo.

Procedí a contar a mi incauto e inocente, pero atento público, una historia totalmente cucufática sobre el orden de las cosas que el universo dispone para nosotros.

Porque, de verdad ¿alguien pensaba que yo tras una dura preparación fui seleccionada de entre los mejores de los mejores de una terna de aspirantes en una dura lucha mortal? ¿Alguna vez habeis creído que yo no he sido siempre así? ¿De verdad me conoceis tan poco? Teneis más fe que yo. Como mucho, he sido más o menos exageradamente yo. Tanto no cambia la gente, ni yo, que tengo el título de Astro del Caos.

Así que pasemos a contar. Panda de inocentos.

Iba yo, en los años que uno aún no está terminando el bachillerato, buscando un trabajo extra con el que pagarme la colección de pitufos de plástico (mi paga no daba para todo, y sí, efectivamente, nunca no he sido la reina de los caprichos, los años cambian a la gente, pero no hacen milagros) Así que entré a trabajar en un comercio de comida rápida (que además podía comer gratis, lo malo, que no me dejaban coger los juguetes del menú infantil L víboras, mala gente) y esas cosas vician, lo de tener dinero, cuando eres un moco mola, luego también. Así que necesitada de un aumento de sueldo para más pitufos de plástico y para la SetaCasa, e iba buscando una notoria mejora laboral que me llevase a la cúspide, que me encumbrase a la cima de la pirámide de los mortales (por ejemplo, cajera de supermercado, ya, cuando eres adolescente y además bajita, la cumbre tampoco está muy muy alta, no me cegaba el sol ni nada de eso de tanto mirar hacia arriba)

Por donde voy, vale, ya me he encontrado.

Surgió el sol un día, y montaron una feria de empleo, de esas que no sirven para nada. Mi oportunidad, de ahí a directivo de una empresa de Marketing hay nada, lo que me cuesta llegar en metro (era una adolescente, y además yo, que quereis) Y allí me fui, con más fe que… que… bueno, con la que podeis suponer en mí los que me conozcais de cruzarnos en un paso de cebra, o más.

Así que paseando paseaba con una amiga por el recinto, cogiendo bolis, globos y caramelos (sí, no hace falta que lo pregunteis, se me había olvidado lo de subir a la cumbre directiva, y dirigir el mundo y tal)

Después de una dura mañana y cuatro bolsas llenas de regalos (parecía que hubiese ido a la Cabalgata de Reyes, no a mejorar mi estatus laboral) recordé cual era mi objetivo, así que ya sin pies y con dos currículums que me quedaban, zanganeamos las dos, (una futura licenciada en químicas, y una futura vete tú a saber como definirme a mí) hasta encontrar algo donde dejarlos (lo que queríamos era irnos, pero no era cuestión de tirarlos a la basura, menudas buscadoras de empleo mas chichinaberas hubiéramos sido entonces) y apareció un supermercado, nuestro futuro laboral ya estaba resuelto, porque nos iban a llamar, claro, para que ni preguntar. Ale, vámonos cargadas como burras a casa. Así que al girar la esquina buscando una papelera (digooo, una empresa) para el que me quedaba, apareció un chiringuito del cual ni miré el nombre, pero lo dejé allí, que mas daba, ahora ya podíamos irnos, que me dolían los pies.

Y pasó un día, y otro ¿dónde estaba mi ascenso a cajera de supermercado? Con la de pitufos de plástico que podría comprar entonces.

Y pasó otro día, y el siguiente, mientras yo disfrutaba de bebidas gratis y de hamburguesas con patatas (me quedé como un palo en aquella época)

Un día recibí una carta (y no era Romeo, que por aquel entonces estaba yo de vacaciones amorosas, hay que reponerse entre palo y palo) para decirme que me declaraban admitida en una convocatoria-concurso-mandeeee fuese lo que fuese, que no sabía que era. Pero daba lo mismo. Constaban de una serie de exámenes eliminatorios de estructura piramidal para los que se nos iría convocando al ir pasando las pruebas, o en su defecto se nos informaría de que habíamos quedado fuera del proceso selectivo.

Todo aquello sonaba fenomenal, no sonaba a cajera de supermercado, medité tres segundos sobre tan dicharacheras noticias, y no le hice ni repajolero caso. Yo tenía cara de Qué, Qué, ¿hola? ¿Houston? ¿alguien habla mi idioma? Y me quedé más ancha que larga, vamos, ni emoción, ni alborozo, ni perrito piloto. ¿dónde estaba mi carta para cajera de supermercado? ¿qué boñiga era esto?

¿Pruebas de Administrativo? ¿Contabilidad? ¿Cálculo? ¿Test? ¿Entrevistas? ¿Ejercicios de desarrollo? ¿qué me han visto a mi cara de saber hacer la O con un canuto?

Como fuese que fuese, recibí otra carta para ir a X lugar, en X fecha. Me puse mis vaqueros más roñosos, mis zapatillas con agujero, y fui “a asomarme”, sobre la marcha improvisaría si hacía acto de presencia, porque tenía una pinta sospechosa de secta. Toda una fauna de corbateros, gente trajeada de las más diversas edades, me dieron un susto, vamos, giré la esquina y me di a la fuga nada más vislumbrar aquel desfile de modelos.

Pero hacía un mes que había estrenado mi mayoría de edad, ya era una adulto, aunque no fuese verdad, pero que no se diga que el mundo no es de los valientes, andando adentro que fui, yo si que debía estar para una foto de zoo.

Yo había desarrollado la idea equivocada o no de que acabar en 15 minutos no suele ser señal del mayor de los éxitos, así que me puse a despistar hasta que acabó alguien más, media hora después.

Lo bueno de no ir con ningún objetivo es que no te llevas ninguna desilusión. Y con mis conocimientos inacabados de bachillerato, y de la escuela de arte tenía la ligera intuición de que no poseía de un perfil adecuado a las necesidades de la empresa. Aunque había hecho un curso de plantar tomates, igual eso ayudaba.

De todas formas, con el tiempo vi que la idea de “perfil adecuado” es muy poco precisa, porque se ve que pensaban de otra forma los que buscaban a quien contratar.

Hice un segundo examen, donde creo que no hubiese nada que no fuese inventado. Y un tercero donde di vía libre al poder de mi imaginación, y una entrevista, y una segunda entrevista donde a la pregunta de p"orque deberían contratarme" contesté algo parecido a un "pues no se, la verdad es que no lo había pensado" y ya no recuerdo si algo más, creo que sí. Y seguía recibiendo cartas de “sigue usted en el proceso de selección” no tengo una explicación científica que me resuelva el misterio de que pasó en aquel departamento de personal en aquellas fechas, sólo puedo divagar al respecto.

Sea como fuese, un día, pasado ya un año desde la primera carta… firmé mi primer contrato. El mundo está loco, luego dirán de mí, pero es que el día a día me lo demuestra. Yo, y un chico entramos en aquella fecha ¿sólo nosotros sobrevivimos? ¿y esto no es una broma? Con la de gente que había en aquella sala.

Y aun hoy, estoy esperando la llamada del supermercado, que ya les vale no llamarme.

Lo cierto es que a mí todo aquello me pillaba un poco de sorpresa, vale que llevaba un año y pico con aquella historia, pero nunca pensé al entrar en ninguna de esas pruebas que haría la siguiente. Así que no era que estuviese precisamente exultante, me pilló en una época en la que estaba yo un poco rábano de carácter. Estaba en plan, pues bien, pues vale, como son gente inteligente ahora cuando entre me despedirán a la semana. Y con ese énfasis, y ese arranque triunfador, y con esa certeza, comencé yo a trabajar.

Inexplicablemente los contratos se fueron sucediendo, está fuera de mi comprensión, aun no lo entiendo, pero supongo que cosas más raras han pasado.

Yo con mi habitual sinceridad, que no hace daño a nadie, cuando me preguntaban sobre mis intenciones de futuro, si deseaba quedarme, cuanta ilusión me hacía todo aquello, respondía con un rotundo NO sacado del alma, no me veía quedándome, no me veía ascendiendo, no me veía trabajando en aquello, ni siquiera cuando lo hacía. Y así se reflejaba en los informes de mi progreso. Con una vocación siempre desbordante, con mis objetivos claros.

Sorprendentemente a la hora de hacerme indefinida se lo pensaron más (cosa que si mal no me equivoco únicamente tenía relación con que habrían de dejar de pagarme lo equivalente a una miseria de sueldo)

Firmé mi finiquito, mi carta de despido, recogí mis muñequitos de los huevos Kinder, y con el mismo temple que empecé, que era el mismo con el que seguí, pensaba irme. No había dramas, ni compungimientos, nada, tan pachorra como siempre.

Pero bueno, como el universo no me tenía deparado recoger uva, preparó una prostatitis. Sí, yo soy fija de una digna empresa por… bueno, por eso. No por mi tenaz lucha por demostrar mi valía, por mis méritos, mi dedicación, mi esfuerzo, no, a mi jefe le dio un chungo el día menos propicio para una renovación de personal. En la soledad de mi oficina quedamos un compañero y yo, el cual no iba a tolerar quedarse más solo aun de lo solo que se había quedado.

El último día, a la casi hora de salir, ¡¡¡¡sorpresaaaaa!!!! Vaya, otra vez quedé mal, digo, estupendamente bien, porque se me quedó una cara de mármol, de ah, pues bien, pues vale, pues gracias, ehh, que mañana madrugo, y yo ya me había hecho a la idea. Y vendrá la señora esa superpesada. Esos eran todos mis profundos pensamientos al respecto.

Y todo esto es lo que acaba pasando por un día con dolor de pies, y una prostatitis.

Colorín colorado, una nueva historia verídica que demuestra que la realidad es de lo menos creíble que existe.